sábado, 10 de junio de 2017

“salvo por causa de fornicación”

En el evangelio de Mateo se lee como Jesús introduce una única cláusula de excepción para permitir un divorcio que posteriormente no incurra en adulterio. Estos son los versículos:
yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere” (Mateo 5:32)
Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera” (Mateo 19:9)

La pregunta es: ¿Qué quiso decir Jesús “por causa de fornicación”? La lectura lógica y sencilla es que Jesús se refiere al acto sexual que, después de casarse, uno de los cónyuges comete fuera del matrimonio; lo cual permite al cónyuge inocente ejercer el derecho a divorciarse y volverse a casar con otra persona.

Sin embargo, hay quienes entienden que esta clausula de excepción se refiere a la fornicación sexual cometida por uno de los cónyuges cuando aún estaba soltero, algo que después es descubierto. Según esta interpretación, solo bajo esta circunstancia, el cónyuge inocente puede decidirse por el divorcio. ¿Pero hay evidencia bíblica que respalde este punto?

Primero hemos de notar el contexto inmediato. En Mateo 19:3-12 los fariseos le estaban preguntando a Jesús por repudiar a la mujer en relación con el matrimonio. Los fariseos se referían sobre todo a las circunstancias que pudieran sobrevenir en el transcurso del matrimonio. Y Jesús les habló entendiendo lo que preguntaban. Si Jesús se hubiera referido a la fornicación prematrimonial, lo hubiera aclarado; pero al no hacerlo hemos de entender que les hablaba en el marco matrimonial, no prematrimonial.

Por otro lado, si Jesús al decir “salvo por causa de fornicación” se hubiera referido a fornicación prematrimonial, esto llevaría a concluir que Dios estaría justificando el divorcio solo si la fornicación se produjera antes del matrimonio, pero no si la fornicación se produce una vez casados. Dicho de otra forma: Dios penalizaría más la fornicación prematrimonial (cometida cuando la persona es soltera), que la fornicación postmatrimonial (más conocida como adulterio). Esto no solo parece un contrasentido, sino que en realidad contradice la postura de Dios, evidenciada en algunas leyes que mandó observar a los israelitas.


Primero veamos cómo trataba la ley de Dios a los hombres y mujeres que eran sorprendidos en adulterio:
Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos.” (Levítico 20:10)
Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la joven porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti.” (Deuteronomio 22:23-24)

El castigo tanto para el hombre como la mujer que cometía adulterio era la muerte. Pero ¿Qué sucedía cuando un hombre se acostaba con una mujer soltera?
Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes” (Éxodo 22:16-17)
Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos; entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la humilló; no la podrá despedir en todos sus días.” (Deuteronomio 22:28-29)

En este caso no debían morir. Las consecuencias penales se limitaban a exigir al hombre que tomara a la mujer como esposa, sin poder optar nunca a divorciarse. Tanto la fornicación entre solteros como el adulterio eran considerados pecados, pero sus consecuencias penales eran muy diferentes, lo que evidencia la distinta gravedad que a los ojos de Dios tenía uno u otro pecado. Esto nos ayuda a entender que la clausula de excepción “salvo por causa de fornicación” no podía referirse a la fornicación prematrimonial, sino a la fornicación cometida después de casarse.

Ahora bien ¿Por qué utiliza Jesús la palabra fornicación dentro del matrimonio, si en tal caso se trata de adulterio? Usualmente “adulterio” (moicheia) es definido como el acto sexual de una persona casada con otra que no es su cónyuge; en cambio, “fornicación” (porneia) es un concepto más amplio que puede abarcar el adulterio (Oseas 2:2,4); pero además, comprende todo acto sexual ilícito como la prostitución, inmundicia, homosexualidad (Judas 7), lesbianismo, el uso crasamente inmoral de los órganos genitales bien con otra persona o con un animal. Dicho de otro modo, todo acto de adulterio es fornicación; pero no todo acto de fornicación se puede catalogar como adulterio. Cualquier acto sexual ilícito de una persona soltera constituye solo fornicación; pero si la persona que lo comete está casada, incurre además en adulterio. Por eso, si una persona casada comete voluntariamente fornicación, eso permitiría al cónyuge inocente optar por el divorcio

Así, vemos que lo único que puede deshacer un matrimonio a los ojos de Dios es la fornicación voluntaria de uno de los cónyuges, lo que constituye adulterio. Lo apropiado de esta excepción se puede ver al meditar en esta declaración: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24) El matrimonio es la unión de dos personas en una sola carne, una expresión que tiene su culminación literal en el acto sexual, y solo mediante esa unión carnal se origina una nueva vida; lo que literalmente también constituye “una sola carne”. El adulterio rompe esa unión porque el cónyuge adúltero decide unilateralmente unirse con otra persona en “una sola carne”; lo que apropiadamente deja la decisión al cónyuge inocente de perdonar o divorciarse.


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