sábado, 10 de junio de 2017

¿Qué dice la Biblia sobre el divorcio y el recasamiento?

En las sociedades occidentales, cada vez es más frecuente la práctica del divorcio, hasta el punto que para muchos es la consecuencia “natural” del matrimonio. Esto es así incluso para los que profesan la fe cristiana. Por eso, los cristianos que tomamos en serio la opinión de Dios, debemos preguntarnos: ¿Qué dice la palabra de Dios sobre este asunto? ¿Hay alguna causa para el divorcio? ¿Qué significa “por causa de fornicación”?

Después que Dios estableciera el primer matrimonio entre el hombre y la mujer, declaró: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” (Génesis 2:24) Nótese que en este momento, la primera pareja humana tenía la vida eterna por delante, y con esta perspectiva, se estableció que serían una sola carne, una situación donde el divorcio era totalmente ajeno. Mucho tiempo después, ante una pregunta de los fariseos, Jesús hizo referencia a las palabras de Génesis, al decir:

¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?” (Mateo 19:4-5) y a continuación añadió lo siguiente: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” (Mateo 19:6) Aquí Jesús declara que el matrimonio es una unión establecida por Dios, y por lo tanto, una unión sagrada, que nadie tiene el derecho de deshacer.


La importancia de permanecer en la unión matrimonial también se aprecia en esta declaración bíblica: “Presten atención, pues, a su espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud. Porque YO DETESTO EL DIVORCIO, dice el Señor, Dios de Israel, y al que cubre de iniquidad su vestidura, dice el Señor de los ejércitos. Presten atención, pues, a su espíritu y no sean desleales.” (Malaquías 2:15-16) Así, para Dios el divorcio es un acto grave de deslealtad; por lo tanto, algo que evitar si queremos agradar a Dios.

A pesar de lo anterior, Jesucristo declaró un ÚNICO motivo para obtener el divorcio: “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo POR CAUSA DE FORNICACIÓN, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera” (Mateo 19:9) Solamente la fornicación del otro cónyuge permite a un cristiano tomar la decisión voluntaria de divorciarse y sentirse libre para casarse de nuevo. (Para una discusión detallada sobre este punto ver artículo: “por causa de fornicación”)

si se separa, quédese sin casar

La imposibilidad del divorcio por otras causas que no sea fornicación, queda reforzada en este mandato del Señor transmitido por Pablo: “Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer” (1 Corintios 7:10-11) El Señor dice que la mujer o el marido no se separe de su cónyuge; pero si, quizá por causas mayores decidiera separarse, el mandato de Jesús es claro: “quédese sin casar”, porque de casarse con otra persona estaría viviendo en adulterio. Notemos que no concede otra opción, porque si a alguien separado se le hace difícil permanecer sin una relación marital, no le queda otra opción que reconciliarse con el cónyuge. ¡Así de clara es la postura bíblica sobre el divorcio!


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